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LA CAZA
CUENTO - JAANROD
Las serranías que se extienden desde Gamboa siguiendo su ruta por las riberas del Canal, eran ricas en caza. Saínos, ñeques, venados, pavas de monte, y otros muchos eran presas codiciadas y trofeos de prestigio personal. Y en lo más remoto, en la lejanía de esos cerros se podía escuchar, en ocasiones, el rugido del tigre, un sonido candente e impresionante que hacía vibrar hasta los huesos del mejor cazador.
De modo que muchas historias de aventuras y misterios se entretejían en las narraciones de los que 'monteaban ' estos linderos montañosos. Tales hazañas llenaban la cabecita de Jaimito con ' sueños despiertos ' de cacerías imaginarias. Además su padre, Don Juan, avivaba la imaginación del chiquillo, pues el Don era un bien reconocido monteador, bueno con las escopetas, los rifles y los machetes.
Todo parecía cosa fácil... fácil de imaginar. Pero el día que le tocó a Jaimito acompañar a su papá en la montería ... eso fue algo distinto.
Nadie le había comentado de los mosquitos ... la nube de mosquitos. .. esos zancudos, pati-largas, tamaño 'king-size '... Para Jaimito pasar por estas molestias era todo un trauma. Pero más traumático era andar con las botas que llevaba. Jaimito era cojo y la leve deformación del pie hacía que el calzar cualquier zapato resultara incómodo y hasta doloroso en muchas ocasiones. Así que en esta aventura llevaba Jaimito un cántico quejumbroso en la mente., " puede un pie quebrar tanta bota y puede una bota quebrar todo un pie "....
Es de comprender, pues, con ese defecto el zapato izquierdo se quebraba y medio deformaba; a su vez, el pie experimentaba una constante tortura hasta que se rompía la resistencia del zapato. Si así era la cosa con un zapato... imagínese ahora con una bota.
Ya en media montaña, después de un largo y extenso recorrido, con las primeras sombras de la tarde y un poco desanimados pues nada de presa había aparecido, se disponían, monteador y acompañante, devolverse a casa. Toda la mañana habían observado pistas, pisadas, frutas 'rumiadas' , además de un calor sofocante, uno que otro mosquito.... Vaya, eso no era un picnic.
En eso, la vista del cazador ya entrenada, donde otros ojos ni siquiera notan los detalles, capto un celaje oscuro fugaz a cierta distancia ... de repente, todo quedó inmóvil. No se había escuchado ningún ruido ... todo alrededor estaba silencioso. Aunque Jaimito no percibía que pasaba, por lo menos comprendía que tenía que quedarse inerme como una estatua.
Lentamente Don Juan fue alzando la escopeta y tomando la posición de tiro. Suavemente fue deslizando el gatillo. Los ojos de Jaimito estaban sobre el percutor del arma. Por otro lado Jaimito nada veía en el fondo, y todo parecía ir en cámara lenta.
__ " ¿ A qué le apunta ? Nada veo. ", decía Jaimito para sus adentros.
En eso la detonación, el retumbar del sonido, humo... de pronto, todo se apagó, todo se quedó quieto.
__ " Vamos, muchacho, lo tenemos."
__ "¿ Tenemos, qué... ?
Mientras desenvainaba el machete, y con pasos firmes, Don Juan se adelantaba seguido de Jaimito lleno de curiosidad y expectativa. A cierta distancia yacía tendido en el suelo el cuerpo de un saíno. Lentamente se acercó Don Juan y con el machete toco el cuerpo inerte por varias partes. Sí , allí estaba inmóvil, ' cadavérico ' como decía Jaimito,
__ " Muy bien, rápido, al saco con él. "
__ " ¿ Vamos para casa ? "
__ " No ... primero vamos un poco más adelante, a una quebrada para limpiarlo un poco. "
De modo que dentro de un saco de jenequén metieron al ' oloroso muerto ' y sobre los hombros de Jaimito bajaron por un trechito, pasando por entre peñas, piedras, y rocas que indicaban la cercanía de la quebrada. ¡ Pobre Jaimito ! Ese trecho le pareció una eternidad. Con la carga y el peso del bicho, ese caminar se hizo doloroso. Ganas tenía de quitarse las botas. Pero por otro lado, eso era inconcebible... ¿ Y si se aparecía una culebra, o un escorpión, o bien las piedras y las espinas ?
Por fin llegaron a la quebrada.
__ " Bueno, primer paso, " señala Don Juan y ¡zas ! con el machete afilado le rebana una porción de la ' rabadilla '.
__ " Eso es para quitarle el almizcle que tiene el saíno. El resto lo haremos en casa. " Con eso, lavó un poco el animal y lo volvió a meter al saco.
__ " ¿ Y quién cargará con ese muerto ? ", se preguntaba Jaimito. Y mientras se doblaba para echarse la carga, recibía más bien, una cantimplora de mano de su papá.
__ " Eso no te lo tienes que echar a la espalda. " Y sonriendo Don Juan cargó con el trofeo.
A Jaimito todavía le seguía fascinando los cuentos y aventuras de los monteadores. Pero en lo que respecta a llevar la carga del trofeo, ya Jaimito llevaba una melodía... " Ese muerto no lo cargo yo . que lo cargue el que lo mató." ¿ Lo ha escuchado usted por ahí ?
La Chorrera, octubre 1999
E-mail: jaimerodriguezb@usa.net
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